miércoles, 11 de noviembre de 2009

La filosofía con niños: infancia, pensamiento y experiencia


WASKMAN, Vera y Walter Kohan. Filosofía con niños. Aportes para el trabajo en clase. Buenos Aires, Novedades Educativas, 2001.


El libro que se presenta aquí habla de un encuentro y una posibilidad. El encuentro entre la filosofía y los niños, y la posibilidad de que los niños hagan filosofía. Pero también es un texto que abre preguntas, algunas relacionadas con la primera Unidad de esta asignatura, como ¿qué es la filosofía?; otras dirigidas directamente a la infancia como ¿qué son los niños? o ¿qué es la infancia? Preguntas que no tienen por fin ser respondidas para encasillar una vez más a la infancia, sino para abrir nuevos sentidos y afectos en relación a ella. Este texto nos invita a pensar otra vez la infancia, una infancia que no es la descripta por Varela y Álvarez Uría. O, en todo caso, es la respuesta desde el cruce de filosofía y educación que se da a esa infancia encerrada en la escuela, domesticada, vaciada, sometida. Por esto, es un texto que contrasta con el anterior, cuyo estatuto de la infancia, como construcción social, nos dejaba desahuciados. La infancia aquí presentada está vinculada a la experiencia, al preguntar filosófico. Para el trabajo con este encuentro, Walkman y Kohan proponen en primer lugar una revisión crítica al programa de Filosofía para niños, de Matthew Lipman. Lipman, en la década del ´60, preocupado por el bajo nivel con que los estudiantes ingresaban a la universidad en el área de competencias lógicas y frente a la necesidad de que niños aprendan a pensar por sí mismos, antes de su ingreso a la universidad, toma la filosofía en su conjunto –habilidades cognitivas e intelectuales- y reconstruye los conceptos filosóficos bajo la forma de historias noveladas, mediante una metodología particular, tomada de los pragmatistas estadounidenses, la “comunidad de indagación”. El programa, que consta de un currículo, ocho novelas organizadas por temas y ordenadas cronológicamente, se dirige a todos los ciclos y niveles escolares. Cada novela tiene un manual para el docente con ejercicios y planes de discusión para implementar en clase. El conjunto de relatos para niños de cinco a diecisiete años, es acompañado por un material didáctico en el cual se ofrecen al maestro las pautas para su uso y puesta en práctica sistemática. En este sentido es posible, entonces, asociar la idea de programa a la de método. Los autores señalan aquí como problemas algunos presupuestos filosóficos e ideológicos que se traducen en una pedagogía institucionalizada. En una segunda parte del libro, la propuesta de los autores es transformar la relación entre la filosofía y los niños, de una filosofía para niños, a una filosofía con niños. Este desplazamiento implica otra relación también con el saber, dado que Waskman y Kohan abogan por una experiencia filosófica en la escuela, más allá de métodos y programas. Desde esta perspectiva adquiere relevancia conceptual el término experiencia, así como experiencia de pensamiento. Los autores afirman la filosofía como experiencia del pensamiento, como un movimiento del pensar que atraviesa la vida de quien la practica. Desde su etimología, una experiencia comporta un rumbo incierto, un destino indeterminado, un peligro. La práctica de la filosofía conlleva riesgos, en la medida en que una experiencia es siempre impredecible. El filosofar como experiencia de pensamiento es una práctica en la cual la realidad es desnaturalizada (Foucault) a partir del preguntar, en la cual los conceptos se crean (Deleuze y Guattari), en un pensar entre amigos, y en la afirmación de la autonomía y en el diálogo con los otros. Finalmente, la propuesta cobra vida entre las páginas del libro, cuando los autores presentan propuestas de actividades para realizar con niños y no tan niños, a partir de la literatura, del cine, la filosofía.

El texto puede llevarnos a pensar cuestiones como: ¿Qué noción de infancia atraviesa este texto? ¿En qué medida se trata de una infancia diferente a la planteada por el texto anterior? ¿Pueden dividirse los textos para trabajar con niños en filosóficos y no filosóficos? ¿Y los temas? ¿Puede una experiencia de pensamiento “planificarse”?

4 comentarios:

  1. Para la escuela normalizadora la relación con el saber se da en base a que minoría absoluta lo posee y se impone sobre la mayoría inútil que son incapaces de regirse por sí mismos, los cuales deberán reproducir el modelo de la sociedad burguesa formada por la minoría sabia. El rol del maestro considerado la autoridad pedagógica, es fundamental ya que está obligado para gobernar e impedir el compañerismo, la solidaridad y la amistad inculcando fuertemente la competitividad, las comparaciones, las rivalidades, la separación entre buenos y malos alumnos.
    La visión de la infancia que tiene la escuela normalizadora es de una etapa justa para ser troquelada, marcada ya que posee características de maleabilidad, para ser moldeada, debilidad por su inmadurez debemos tutelarla, rudeza hay que civilizarla, flaqueza de juicio y cualidad del alma. Es por esto que el espacio escolar, debe estar rígidamente ordenado y reglamentado, constituyendo la mejor arma para inculcar que el trabajo es disciplina y para que renuncien a sus hábitos de clase hasta llegar al punto de avergonzarse de pertenecer a ella. Dicho espacio de encierro es lo que hasta hoy llamamos escolarización.
    La finalidad de esta escuela no es más la intención de la burguesía a civilizar los hijos de los trabajadores obteniendo así súbitos sumisos a la autoridad.
    Para la filosofía con niños la relación con el saber se da en que todos poseemos saberes distintos ninguno es más importante que otro todos son importantes. El rol del docente en este sentido es muy importante ya que debe lograr una relación de amistad, comunidad de diferentes, participación, la escucha dialogo, lograr autonomía para poder llegar a la finalidad de la educación de filosofía con niños que es la de preparar para el pensar, enseñar no solo a ser alumno sino también maestro. Todo esto se ve favorecido en un espacio donde se hacen personas sujetos formándoles una autoconciencia heterónoma.
    La visión de la infancia que tiene la filosofía con niños es que la niñez es un otro que posee su propio idioma, cuestiona nuestro poder haciendo temblar nuestras estructuras ya construidas

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  2. la escuela normalizadora nos muestra una educación en la cual el infante es sometido, encerrado, domesticado, vaciado, y cuyo estatuto de la infancia es tomado como construcción social.
    Aludiendo al texto propuesto por Jorge Larrosa podría decir que, en este sentido el niño es tomado como “algo otro”, provocándonos desestabilización y sensación de inseguridad respecto a nuestros propios saberes, es por eso, que se trata de reducir las diferencias, es decir, de aceptar o rechazar en los infantes lo que aceptamos o rechazamos en nosotros. Según lo planteado se cree que los niños son seres salvajes que no entienden nuestra lengua, lo cual cristaliza la no aceptación de la alteridad.
    Siguiendo esta línea la educación se funda en la idea de enseñarle al niño la obediencia a la autoridad y el maestro, encargado de tal tarea, es el que gobierna a sus subordinados (los niños) inculcándoles competitividad, rivalidad, individualidad, etc., ya que el infante es visto como un capital en potencia, el cual va a responder a determinadas normas.
    La filosofía con niños nos introduce a una perspectiva opuesta a la idea de la escuela normalizadora, la propuesta se basa en la experiencia de pensamiento, entendida como una actividad que nos invita, sin importar la edad, a pensar algo, a dialogar consigo mismo y con otros: surgiendo así la autonomía; y por tratarse de una experiencia, esta no se puede predecir, ni garantizar, ni buscar, sólo se trata de desnaturalizar la realidad, de pensar lo que se cree obvio.

    Lipman nos muestra como herramienta de filosofía y democracia a la literatura, cine, o todo aquel material que nos sirva como disparador para el ejercicio de pensamiento, creando un espacio de cooperación grupal, respetando la otredad, participando y escuchándonos.
    Es muy bonito lo que se piensa sobre la escuela desde esta visión: “… En la escuela, sobre todo, se aprende algo sobre uno mismo…”.
    Finalmente, me parece importante pensar en la preposición que se utiliza al decir filosofía “con” niños, esta palabra no sitúa al docente como superior, y al alumno como inferior, sino que nos invita a acompañarnos por el camino del pensamiento, de la filosofía. La idea de acompañamiento, de preguntarnos, nos coloca simplemente como iguales, esfumando las diferencias.
    Al decir de Sócrates: “…la relación entre los aprendices de filósofos no es una relación entre amo y discípulo, sino entre amigos, porque filosofía y amistad, son relaciones entre iguales…”.

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  3. Gisel, Miriam y Daiana22 de noviembre de 2009, 12:55

    En el texto de Varela y Álvarez Uria muestra la aparición de las ciencias pedagógicas para la instrucción de la infancia que será una especie de laboratorios donde emergerán y se aplicaran practicas concretas que contribuirán a hacer posible una definición psicobiologica de la infancia de donde se extraerán saberes respecto a como orientarla y dirigirla es decir a naturalizar y dar por hecho lo que el niño va a hacer y decir en determinadas etapas .También se habla de una naturalización de la escuela y del niño. donde el sujeto es catalogado por etapas rígidas y con respuestas esperables en cada una de ellas y como tal poseen las siguientes características :maleabilidad es decir capacidad para ser moldeado y manejado , debilidad que justifica su tutela , inmadurez y donde la escuela cumple el papel de pasar de seres salvajes a seres civilizados ,donde aquí son considerados como otros(niños , extranjeros ,locos , discapacitados) queda demostrada la incapacidad para razonar ,la individualidad y la dificultad para socializarse ya que también son inculcados y moralizados.

    En la escuela el niño se encuentra aislado, separado por sexos, y edad: donde se ve claramente que mientras mas aislamos más efectivo es. El niño deja de estar mezclado con los adultos y deja de conocer la vida directamente con ellos, se separa la realidad del colegio a través de métodos de individualizaciones característicos de instituciones cerradas que constituyen la mejor arma de disuasión contra cualquier intento de replica. En este espacio de domesticación de una masa de niños va estar sujeta a la autoridad de quien rige durante importante tiempo de sus vidas la cual muy significativas que dejan huellas imborrables, sus pensamientos, palabras y obras. En ellas se verán sometidos a realizar ciertas conductas sentarse correctamente, permanecer en silencio e inmóviles, hablar bajo, pedir permisos, salir ordenadamente. Estarán en una disciplina constante, orden y con normas a seguir. En cambio Waskman y Kohan muestran otro tipo de infancia mostrándola desde una filosofía con niños, donde no se busca que los niños piensen iguales o de determinada forma sino que, de alguna manera filosófica, piensen y dejen pensar, no se molesten con la diferencia y basada en la experiencia y preguntar filosófico. También da a conocer otro modo de ver la realidad: desnaturalizar la realidad. Pensar el mundo de lo humano como si fuera cada vez la primera vez, es decir, viendo con otros ojos la misma realidad, críticos, creativos, mostrando el mejor camino para educarlos. Abiertos a lo nuevo, a la sorpresa a lo impensable lo obvio poder transformarlo y volverlo inesperado y disponerse a pensar y a escuchar y por sobre todo a preguntar cosa difícil en el ámbito educativo ya que siempre se nos ha preparado para responder. Waskman y Kohan demuestra como la práctica de la filosofía puede sobre todo abrir nuevos espacios a otras voces en lo educativo. En esta practica se exige la amistad respetando siempre la diferencia promoviendo una forma de pensar juntos lo común, proponiendo el dialogo , estimulación , participación y la libertad de pensamiento de expresión y también a la cooperatividad , dialogo , y se pretende que piensen por si mismo pudiendo cambiar lo ya establecido en forma novedosa , impensable( evidenciándose la diferencia a la individualidad con Varela y Álvarez) .A partir de esta práctica los niños pueden ser tranquilamente niños y no como hemos podido ver en el texto de Varela y Álvarez Uria que los niños son considerados adultos en miniatura que al fin la vida de los niños termina siendo como la vida de los adultos.

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  4. La filosofía con niños presenta un ambiente que invita a la reflexión. Da la idea de clase en círculo, donde el alumno no solo interactúa con el maestro, sino también con sus pares; en ese clima que propicia el pensar filosóficamente entre amigos, la relación alumno-docente no es la de amo y discípulo, ya que son cómplices en esa experiencia del pensar. La niñez sigue siendo un otro, no una tabla rasa a modelar. Se logran diálogos en los que cada una de las partes participa, se le escucha atenta y tolerantemente, y se toma en cuenta su opinión aunque haya desacuerdos. Al fin y al cabo, nadie es dueño de “la” verdad, sino que somos seres autónomos, seres pensantes, capaces de preguntar y preguntarnos, libres de pensar “diferente de…”, sin el miedo a estar siendo vigilado, controlado críticamente por otro superior. A partir de esa práctica, se intenta que el niño pueda ser más tranquilamente niño. La idea es aplicar técnicas como el preguntar filosófico no conformista, para que logre ser un ciudadano democrático, tolerante, respetuoso, pluralista, pero a la vez crítico, creativo y cuidadoso, capaz de tomar decisiones pensadas, formar conceptos, que día a día problematice el mundo, “su mundo”, que vea un problema allí donde todo parecía normal, habitual, natural. Muy diferente de lo que se presenta en “La maquinaria escolar”, donde se naturaliza la Escuela y sus dogmas. Se da por sentado que la escolarización existe tal y como es, sin dar lugar al cuestionamiento, el cual es considerado caótico, impensable y antinatural. El saber es propiedad personal del maestro, solo él realiza la interpretación correcta de los conceptos y decide quien es buen alumno y quien no. El objetivo es que el niño este aislado, individualizado, no solo poniendo barreras simbólicas, sino también físicas, como es el caso de la implementación del pupitre. La relación maestro-alumno es una relación desigual, marcada por el poder y avalada por el estatuto de verdad conferido a los nuevos saberes. El objetivo de esta escolarización es lograr un individuo obediente, sumiso, desclasado, individualizado, preparado para acatar ordenes y si esto no se logra, la culpa es únicamente del niño, quien fue incapaz de asimilar esos conocimientos.

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