miércoles, 11 de noviembre de 2009

Experiencia




Lissitzky. Proun g7


En el intersticio entre pedagogía y filosofía, Jorge Larrosa dice que la experiencia es “eso que me pasa”. Y en ello hay al menos tres principios a tener en cuenta, para definir una experiencia de pensamiento. En primer lugar, el principio de alteridad, el “eso” de aquello que me pasa, es decir el acontecimiento, que es siempre lo otro respecto de la continuidad, lo exterior respecto de la mismidad. En segundo lugar, el principio de subjetividad, o reflexividad, en la medida en que lo acontecido afecta a un sujeto. “Me” pasa o “me” afecta en mis pensamientos, en quien soy, en lo que siento. Se trata del sujeto de la experiencia, un sujeto abierto, expuesto, que es capaz de que “algo le pase”. Este principio puede ser pensado también como un principio de transformación, puesto que es el resultado de la experiencia, que implica la formación o transformación del sujeto. De ahí que el sujeto de la experiencia no sea el sujeto del saber. El sujeto de la información puede saber mucho sin que nada le pase, sin tener experiencia. En cambio el sujeto de experiencia es quien se transforma a partir de lo que le pasa. Luego de un viaje, de leer un libro, de asistir a una clase, se puede saber muchas cosas sin que por ello el sujeto se transforme, o por el contrario, ya no poder ser el mismo que se era. Por último, el principio de pasión, en la medida en que la experiencia es “eso que me pasa” es un pasaje o paseo, un recorrido, en el cual el sujeto es el territorio de paso, una superficie de sensibilidad en la que quedan huellas, marcas. Con estos principios, Larrosa menciona también la singularidad de una experiencia, así como la irrepetibilidad. En la experiencia, la repetición es diferencia, en la medida en que todos leemos y no leemos el mismo poema, y leemos y no leemos el mismo poema cuando volvemos a leerlo. La experiencia de la lectura puede ser un ejemplo de experiencia, así como una experiencia de pensamiento. La escucha de los otros se vuelve fundamental en la medida en que uno se dispone a oír lo que no sabe, perder pié y dejarse tumbar por lo que le sale al encuentro, transformándose en una dirección desconocida. Por ello también, una experiencia de pensamiento implica un “principio de incertidumbre”.

Extraído de: VIGNALE, Silvana y Mariana Alvarado “Experiencia de pensamiento”. En: Proyecto: Diccionario de Pensamiento Alternativo II. http://www.cecies.org/articulo.asp?id=187

1 comentario:

  1. La filosofía con niños se lleva a cabo gracias a la apelación a la experiencia, el filosofar es el preguntar, el conversar, los niños tiene la tarea de pensar por si mismos de buscar sus experiencias que son únicas, ya que si dos personas están frente al mismo suceso tendrán de igual manera experiencias de pensamiento diferentes, es un movimiento de pensar que atraviesa la vida del que la practica. Pero en realidad podría decirse que es incierta ya que nunca se sabe hacía donde va este pensamiento, porque la experiencia es una transformación que no puede anticiparse.
    La filosofía con niños y el jugar con la experiencia es abrir la mente, de pensar y dejar pensar, de no valerse por las diferencias con los otros si no en tener un pensar tan libre que las experiencias sean aquellas singulares, inesperadas únicas,
    Es dejarse llevar por las puertas del mágico mundo de los recuerdo, de los olores, sabores, colores, imágenes que vagan en nuestra cabeza, flotar entre medio de aquellas experiencias vividas por uno, o vividas por otro que nos tocaron tan de cerca que se vuelven tangibles. Apelar a la experiencia es soñar, pero soñar con algo vivido, algo que nos quedo en nuestra mente, quizás sea lindo, quizás no tanto pero forma parte de nuestra base de datos, de nuestra memoria RAM y que nos permite aprender, como quien aprende de niño que no debe tocar una estufa por que quema y hasta que no la tocamos nos quemamos se nos es difícil comprender que no nos debemos acercar demasiado.

    ResponderEliminar