miércoles, 11 de noviembre de 2009

Experiencia de pensamiento




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En la práctica de la filosofía con niños y jóvenes, así como en prácticas filosóficas alternativas, como en cafés filosóficos, prácticas unas y otras que se desarrollan en diferentes espacios y contextos en América Latina, una experiencia de pensamiento es aquella que, a partir de un texto (que siempre es un pre-texto para el preguntar y dialogar filosófico), genera problemas e interrogantes y requiere de la traducción entre quienes dialogan y hace posible el encuentro de las diferencias en el lenguaje, en sentido benjaminiano. Una experiencia de pensamiento es tal cuando se sale transformado de ella, en cuanto a lo que pensamos, lo que sentimos, en cuanto a quienes somos. Se trata de una interpelación a la propia subjetividad, que nos invita a ser “otros de los que somos”, como en el juego infantil, y que impide que las cosas sigan iguales a partir de aquella experiencia. Pero como no puede predecirse o anticiparse una experiencia de pensamiento, por tanto, tampoco es posible garantizar que acontezca.

Las experiencias de pensamiento, como prácticas generadas en el marco de la filosofía con niños y en prácticas de la filosofía no academicistas, son alternativas a las prácticas tradicionales de la escuela en general, y propiamente a una determinada concepción acerca de la filosofía y su enseñanza. En la primera, en la medida en que sospecha del mito de la explicación como garantía del conocimiento. Jacques Ranciére denuncia la lógica de la explicación como el mito propio de la pedagogía, que esgrime la explicación como necesaria para la comprensión, pero sustentada en un principio jerárquico que divide el mundo en dos: las inteligencias superiores e inferiores, los capaces e incapaces, los inteligentes y los estúpidos. Es el explicador quien necesita del incapaz y lo constituye como tal: el pequeño explicado tiene que comprender que no comprende si no le explican. Se trata de la constitución del sujeto de saber, aquél que puede reproducir lo dicho por el maestro, pero que no ha sido transformado, sino en aquél que no confía en sí mismo, para quien el saber es algo intercambiable como mercancía, y no una experiencia que lo atraviese.

Del mismo modo, es largo el debate en relación a la filosofía respecto de su enseñanza. Por un lado, enseñar la historia de la filosofía, como algo acabado y universal; del otro, filosofar en las aulas. En uno, el sujeto se reduce al sujeto del conocimiento, en el otro, lo implica como sujeto de experiencia. Desde este último, un filosofar en el aula podría dar lugar a experiencias de pensamiento, en las cuales los sujetos se constituyan a partir de las propias indagaciones, inmersos en sus propias problemáticas, y en sus propios contextos. Supone, en mayor medida considerar la filosofía como un movimiento de transformación del pensamiento, tal como afirma Michel Foucault en su pregunta: “¿qué es la filosofía hoy -quiero decir la actividad filosófica- si no el trabajo crítico del pensamiento sobre sí mismo? ¿Y si no consiste en vez de legitimar lo que ya se sabe, en emprender el saber cómo y hasta dónde sería posible pensar distinto?” (FOUCAULT: 1986, 11).

En suma, una experiencia de pensamiento es aquella práctica que muestra a la filosofía como generadora de problemas y cuestiones más que de soluciones absolutas, en la medida en que los problemas no son sólo racionales, sino sentidos, vivenciados. Que nos presentan una filosofía cuyo movimiento es la pregunta, por tanto, una práctica abierta más que un corpus cerrado de conocimiento. Una práctica que crea conceptos, en lugar de reproducirlos. Prácticas del pensamiento que inauguran nuevas relaciones entre maestros y alumnos, no totalitarias. Por una enseñanza no escolástica de la filosofía en cuanto a su modo de organizar y transmitir metódicamente un corpus de conocimiento. Una práctica que involucra al sujeto desde su propia experiencia, considerándolo como un sujeto empírico y situado.

Fragmentos extraídos de: VIGNALE, Silvana y Mariana Alvarado “Experiencia de pensamiento”. En: Proyecto: Diccionario de Pensamiento Alternativo II. http://www.cecies.org/articulo.asp?id=187


4 comentarios:

  1. Hola! profe, soy alumna de Antropología de la Facu de educ. especial y elemental. Estuve pensando en las preguntas que nos propuso responder: ¿Qué es ser niño/a? ¿Qué es la educación?, y me comenzé a preguntar¿ por qué, en general, nos cuesta tanto responder esta clase de preguntas?, ¿por qué no cuesta buscar en nuestro interior respuestas tan personales? ....y recordé una frase que usted dijo..."la verdad irresponsable de los niños...", esta nos pemite admirar la transperecia, la pureza, lo desprejuiciados que son los niños, la simpleza de sus pretenciones, la autenticidad de uno mismo.... Creo que nos hemos acostumbrado a responder a esquemas propuestos por distintas instituciones, los cuales nos van robotizando , y si alguien nos brinda la posibilidad de salir, de romper la configuracion que se nos cargó, nos desestabilizamos, nos quedamos sin palabras, sin respuestas, poque no sabemos mirar por nuestros popios ojos. Acaso somos flores que segun nuestros, colores, aromas , belleza, frutos o condiciones adornaremos distintos lugares, alimentaremos a distintas personas y cumpliremos determinadas funciones....Gracias!!! por brindarnos la posibilidad de ser escuchados, y no de ser tratados como un número de legajo, gracias por transmitirnos su pasión por la antropología, gracias , a pesar del poco tiempo, de ponerle tanta pila al dictado de la materia. Ahora me tomo el atrevimiento de hacerle una pregunta ¿Por qué a materias como esta no se les brinda más carga horaria?será porque nos permite brindar y escuhar opiniones, consensuar, criticar, debatir, expresarnos abordando diferentes temáticas...en definitiva salir de la dogmatización que el sistema brinda, lo cual no es conveniente para el mismo.

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  2. Gracias a vos, Yamila. Por escuchar también, por dejarte atravesar por lo nuevo, por tus verdades irresponsabes!

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  3. Sintetizando las relaciones entre filosofía, experiencia e infancia en la filosofía con niños, y partiendo de mi interpretación de las lecturas, la filosofía es una experiencia de pensamiento, es atreverse a preguntar a cuestionar las certezas abordando simultáneamente una experiencia transformadora.
    La filosofía nos brinda la experiencia y libertad, si nos lo permitimos, de pensar, reflexionar, crear, movilizar y reestructurar esquemas o pensamientos preexistentes. Este ejercicio se puede realizar individual, grupal y naturalmente tomando como disparador temas de nuestro interés, (o no) desde una lectura, una película, etc. Vale decir que no hay edad particular para esta práctica.
    Sintetizando lo dicho, Jorge Larrosa define claramente a “la experiencia”: “…es eso que me pasa… ”
    Sería muy interesante disponernos a conformar espacios de filosofía en las prácticas escolares tradicionales, logrando así momentos de interacción libre y natural, escuchando la verdad irresponsable de los niños y respetando la otredad; dando lugar también a un movimiento pendular en el que tanto


    alumnos como maestros se retroalimenten experimentando la conformación de una comunidad de indagación.

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  4. Lo aceptemos o no, la niñez sigue siendo un otro. Esa inquietud puede ser resuelta a partir de la práctica de la filosofía. Y encontramos sentidos para practicarla en las escuelas al promover allí experiencias de pensamiento.
    La palabra experiencia, al analizarla, da a entender que existe un origen, una procedencia, y por otro lado, señala un movimiento que atraviesa, un curso que no tiene destino cierto y por eso es incierto, peligroso. Ahora, la filosofía no se concibe como actividad solitaria, sino como actividad dialógica, comunitaria, que incorpore dentro de su producción las palabras, los silencios, los tonos y los gestos de los participantes. Por lo tanto, trasladando estos conceptos a la filosofía con niños, podemos decir que logra que el niño, llegue a ser lo que realmente es, un ser pensante, con sus formas de ver las cosas, de enfrentarlas, de conceptualizarlas, a través de experiencias que traspasen su vida y la transforme. Cada experiencia de pensamiento filosófico es única, irrepetible e intransferible; es poco probable olvidarla, ya que marcan un antes y un después en nuestro ser, y mas en el caso de la infancia, una etapa tierna y absorbente de lo “nuevo”, en la que los aprendizajes son adquiridos principalmente por esas experiencias de pensamiento (a veces peligrosas), de plantearse su realidad, de desnaturalizarla, a medida que el tiempo pasa y así va logrando determinar “su” mundo, transformándolo día a día.

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