miércoles, 14 de octubre de 2009

MODERNIDAD Y PROBLEMA DEL INDIVIDUO

MAGRITTE. Gloconde

Kant, en su famoso escrito ¿Qué es la ilustración?, responde diciendo que es la salida a nuestra autoculpable minoría de edad. Con "minoría de edad" hace referencia a la incapacidad de valerse del entendimiento sin la dirección del otro". Y minoría de edad de la que el hombre es autoculpable o responsable, porque "la causa de ello no radica en un defecto del entendimiento, sino en una falta de decición y coraje para valerse de él" sin la dirección de otro. Ser ilustrados es romper las cadenas de tutelaje, pensar por sí mismos. Pero, eso sí “razonad todo lo que queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced”. Individuo y modernidad parecen ir de la mano. Según Heler, el individualismo es un signo distintivo de la modernidad. Mientras el pensamiento liberal asume el papel de promotor y defensor del individuo, desde el punto de vista político, vemos también el surgimiento de aparatos institucionales que escriben sus reglas para poner límites a ese poder individual. Ello obedece a la necesidad de cohesión social en la reciente formación de los Estados Nación. La idea de individuo político moderno hacer referencia, por tanto, al titular de derechos. Esta idea se basa sobre la de la igualdad de los hombres, que tiene su antigua versión cristiana, “todos los hombres son iguales a los ojos de dios”.

¿Qué nuevos matices imprime la modernidad a esta idea de la igualdad natural? En primer lugar, en la relación de dominio del hombre sobre la naturaleza. La famosa dualidad del sujeto-objeto implica el dominio de uno sobre otro: conocer es de algún modo devorar. Desmenuzar. La dignidad humana se asocia al trabajo, desde el punto de vista liberal, es la forma que el hombre tiene de apropiarse de sí mismo y de los frutos de su actividad. Surge así la propiedad privada. Este es mi cultivo, dado que he sido yo quien le ha impreso el trabajo para transformarlo de tierra árida a frutos para la supervivencia. Aparece así, en ciernes, el capitalismo. Que el individuo sea propietario implica que posee control sobre sí mismo, que es “dueño” de sí mismo, y que es dueño de lo que su trabajo le da. El derecho a la propiedad supone, por tanto el de la libertad individual. No hemos mencionado aún una cuestión fundamental a esta idea de los hombres libres e iguales. Ella supone la de un individuo racional. El desplazamiento que se produce en la modernidad de Dios al hombre se efectúa sobre la base de una confianza ilimitada en la Razón. La filosofía de la sospecha denunciará que en realidad el absoluto se ha desplazado de un lugar (Dios) a otro (la Razón). La Razón se instituye como nuevo dios en el mundo moderno.

Otro nuevo matiz en relación a la igualdad natural entre los hombres es que los pone en iguales condiciones para gobernarse por sí mismos. Políticamente ser iguales significa romper los lazos jerárquicos que hasta el momento existían en las sociedades paternalistas tradicionales como en las monarquías absolutistas. Es la mayoría de edad que Kant mencionaba. La posición en la sociedad no responderá más a una cuestión heredada, sino que se conquista mediante los méritos logrados.

Ahora bien, la igualdad de derechos abre la posibilidad de justificar desigualdades. Si los hombres son igualmente capaces de logros, los resultados desiguales en relación al trabajo se originan en el buen o mal uso de sus capacidades. Según Heler, esto más bien responde a la preocupación político-económica que pretender dar legitimidad a las desigualdades de clases en una sociedad de mercado. La distribución desigual de la riqueza se disfraza de aprovechamiento o desaprovechamiento de la libertad y de la racionalidad, ambas repartidas equitativamente entre todos los hombres. En el fondo, se trata de pensar la sociedad moderna como una serie de “relaciones entre propietarios”, es decir, relaciones mercantiles. Quienes no poseen propiedades materiales tienen en sus manos la fuente de su riqueza: el trabajo.

Ahora bien, la racionalidad del sistema productivo aumenta la organización y centralización. Los espacios para la individualidad se restringen. Así, la “eficacia”, la “productividad”, la “inteligencia planificada” son los dioses a cuyo servicio se encuentran las sociedades. El individuo parece ser una ínfima que tiene que sacrificarse en función de una maquinaria mayor. Llegamos así a una cosificación del hombre, y a la dualidad que desde la modernidad también es justificatoria del dominio de unos hombres sobre otros.

Arturo Roig, en Teoría y crítica el pensamiento latinoamericano, denuncia esta dualidad, señalando el contenido ideológico de la misma, de la siguiente manera:

"Las ideologías justificatorias de las relaciones de dominación y de explotación acaban estableciendo una incompatibilidad entre lo que consideran dos órdenes disociados, el del ser y el del tener, el del alma y el del cuerpo, el del sujeto puro y el del sujeto empírico, el de la fuerza y el del derecho, el del significado y el del significante, todo ello a costas del ocultamiento de la tenencia, la coporeidad, la empiricidad, la emergencia social y la palabra." (ROIG, A.  Teoría y crítica el pensamiento latinoamericano).

(Recomendamos la lectura del capítulo "El problema del ser y el tener" en donde se encuentra esta cita, tanto para este tema como para relacionar con las lecturas de Marx).

Nos topamos aquí con lo irracional de la modernidad. Irracionalidad que también denunciará Dussel. Se trata de una paradoja dialéctica mencionada por Horkheimer, la creación de las condiciones para la liberación humana de la Necesidad no produce esa liberación. La perversa extensión del dominio del hombre sobre la naturaleza se desplaza al dominio sobre el hombre.

¿Cómo proyectan esa relación de dominio del hombre y la naturaleza? ¿Siempre el trabajo dignifica? ¿Qué consideración tienen acerca de las desigualdades? ¿Podemos extender esta idea de hombre, como individuo, a todas las razas del mundo? El derecho a la propiedad supone el de la libertad individual. Pero no hemos aquí hablado de felicidad…

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